Historias

El origen del Día del Estudiante

Por Franco Etcheverry


A saber de arranque, ya desde la Edad Media los gremios celebran su día. Estos festejos estaban relacionados con el santo patrono de cada profesión. Los músicos celebraban el 22 de noviembre  el día de Santa Cecilia, mientras que el 1 de diciembre los orfebres recordaban a San Eligio, por ejemplo. La costumbre de que cada gremio celebre su día perdura, aunque despojado del elemento religioso. Un sano avance.  

Pero, ¿cómo se originó el Día del Estudiante? Fue a partir de la propuesta de Salvador Debenedetti, un presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1902, Debenedetti, con apenas 18 años,  propuso que en su facultad se celebrase el “Día de los Estudiantes” el 21 de septiembre, en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento.

¡¿WTF?! ¿Pero por qué en homenaje a Sarmiento? Es que el 21 de septiembre de 1888, los restos de este señor, al que algunos aún osan en nombrarlo prócer, llegaron a Buenos Aires, luego de ser repatriados desde Asunción. Sarmiento había muerto el 11 de septiembre de ese mismo año.

Debenedetti se convirtió luego en un arqueólogo de renombre, pero nada tuvo que ver Sarmiento en su ascenso personal. Sin dudas, este viejo estudiante de la UBA, pasó a ser un prócer encubierto para todos los estudiantes del país, ya que gracias a él debemos el festejo. El homenaje a Sarmiento se impuso, primero en su Facultad y luego en otras. Al principio eran actos universitarios, en donde los estudiantes tomaban la voz y el papel principal, exclamando la dura tarea desempeñada durante el arduo proceso de aprender y recibir un título. Se hizo costumbre en todo el país de que los jóvenes llevaran una ofrenda floral al monumento de Sarmiento. Pensándolo ahora, Sarmiento tiene características de un Dios: es omnipresente y tiene monumentos en su nombre en cada ciudad o pueblo de este país.

Años después, en enero de 1908, el Primer Congreso de Estudiantes Sudamericanos que se realizó en la ciudad uruguaya de Montevideo, eligió la fecha del 21 de septiembre para celebrar el día de “la unión estudiantil”. Llegada la fecha acordada, los estudiantes uruguayos tomaron la posta e invitaron a un grupo de estudiantes brasileños a su país para agasajarlos y compartir las costumbres uruguayas; que es lo mismo que decir que los invitaron a tomar mate, hablar de “fubol”, escuchar murga y ponerle como nombre Washington a cada varón que nace en sus tierras.

Tal suceso tuvo una magnitud al menos considerable para el resto de los países de la región. Como argentinos envidiosos que somos, en aquella oportunidad provocó que el destino de los 21 de septiembre se vea (gratamente) modificado.

Los estudiantes de la ciudad de La Plata invitaban a estudiantes porteños a un paseo por el bosque de la ciudad para propiciar cierta integración. Uno sospecha, tal vez visto a la distancia, en una integración algo direccionada al fluir de ciertas pasiones como la lujuria y cosas por el estilo, pero vaya uno a saber si no está pecando de prejuicioso. Otros estudiantes salían a dar una vuelta por el delta del Tigre, en Buenos Aires, como hasta el día de hoy se hace; solo que ahora el territorio de Sergio Massa sirve más como pasaje narco que como recreación de jóvenes estudiantes.

También estaban los que hacían obras de teatro y cuestiones culturales. Cada año se organizaban concursos de dibujos u obras de arte en donde se reflejase el sacrificio del estudiante y sus lamentos cotidianos. Generalmente se recreaba en estas obras situaciones de exámenes finales, esperas de colectivo y desengaños amorosos.

En aquellos tiempos se habituaba que los festejos arrancasen el 20 de septiembre y culminaran al día siguiente. En 1914, un grupo de estudiantes alquiló el Palais de Glace, en Recoleta, para llevar adelante un festival de jóvenes. Se ve que eran medio paquetones esos tipejos, pero le dieron una vuelta de rosca al tipo de fiestas que se hacían y, a la larga, brindaron un gran aporte para nuestro presente. Otros, tal vez más paquetes que los anteriores,  se dieron cita en el Hotel Savoy de Buenos Aires, donde les prepararon una comilona digna de un banquete romano a estudiantes invitados de diferentes regiones del país. Dicen que aún el dulce aroma de los choripanes no era parte de la vida estudiantil, y que por eso se castigaban con comidas aburridas como bife de chorizo con papas noicette y cosas así.

Fue así que las celebraciones fueron replicándose a lo largo y ancho del país con tono festivo y alegre.




El 21 de septiembre pasó a ser una instancia de encuentro y diversión en un tiempo muy corto y poco quedaba de aquella chupada de medias a Sarmiento por parte de Debenedetti. Los varones se juntaban en amplios parques a jugar al futbol haciendo arcos con sus camperas y las mujeres charlaban sobre cosas que, por desgracia, no aparecen en los registros noticiosos de la época. Pero de algo si estamos seguros es que la confraternidad estudiantil experimentaba un álgido y gratificante día.

En 1917, un grupo de estudiantes uruguayos, quizás aburridos después de beber 20 termos de mate cada uno,  invitó a unos 30  estudiantes porteños a dar un paseo por Colonia de Sacramento; una pequeña ciudad bellísima del suroeste de Uruguay. Allí, no solamente iban para enfiestarse, sino también para discutir ciertos lineamientos políticos, cierta coordinación, aunque seguramente ocupaba el menor tiempo de sus agendas.

Para 1919, ya se organizaban bailes del Día de los Estudiantes en nuestro país. Se bailaba tango y milonga, paso doble, vals y otras danzas de abuelos. A uno le cuesta comprender que habría de divertido en esos bailes sin Rodrigo o la Mona Giménez sonando de fondo.

En la década de 1940, podrán imaginarse, ya había cenas con shows en vivo, bailongos, tardes de guitarra a las orillas de los ríos y parques de cada ciudad a lo largo y ancho del país. Podemos ser lentos para recibirnos y obtener el título, pero es indudable nuestra velocidad a la hora de organizar fiestas.

Entre los años 50 y 60, se estableció, por todo lo contado anteriormente, la costumbre de celebrar el Día de la Primavera en las principales ciudades del país. En Córdoba capital, por ejemplo, se cortaban las calles cercanas a la plaza San Martín para hacerlas peatonales y propiciar, de paso, las ventas de los comercios.  Todo se adornaba con motivo de recibir la primavera y grandes y chicos repartían flores y cantaban canciones alegres. Para ese entonces, los estudiantes de todos los niveles educativos se sumaban a los festejos.

Las celebraciones del día del estudiante ya llevan más de cien años. Por lucidez de Debenedetti o por puro azar, el día del estudiante coincide con el inicio de la primavera. Ya nadie se acuerda de que todo comenzó por un homenaje a Sarmiento, y eso es positivo. Es mejor que el día del estudiante sea recordado cada año por las alegrías despertadas, por las resacas del día siguiente y por el florecimiento de nuevas etapas en jóvenes y no tan jóvenes. 

Un dato más para aportar es que los días del Estudiante en otros países de este continente se celebran en fechas distintas y por razones distintas. En Chile se celebra el 11 de mayo, día en que se aprobó una nueva versión del reglamento educativo (en 1992) que permitió a los alumnos de los secundarios formar centros de estudiantes. En Colombia, el día 8 y 9 de junio se conmemora el día del estudiante caído o día del estudiante revolucionario, y conmemora el asesinato de varios estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, quienes en su momento se alzaron en protestas. En la noche del 7 de junio de 1929 , la policía colombiana asesina al estudiante Gonzalo Bravo Pérez y el 8 de junio de 1954, durante la tarde, en plena dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, en territorio de la Universidad Nacional, fue asesinado por la policía el estudiante de medicina Uriel Gutiérrez.

En México se celebra el 23 de mayo en conmemoración a la lucha de estudiantes que exigían la autonomía universitaria y que fueron agredidos brutalmente por la policía dentro de las instalaciones de la Escuela de Derecho en 1929.

En Nicaragua se celebra el 23 de Julio, en homenaje a los estudiantes muertos Sergio Saldaña, Mauricio Martínez, Erick Ramírez y José Rubí, masacrados por la policía nicaragüense durante una protesta estudiantil de 1959 que pedía autonomía universitaria y educación pública. 

En honor y en homenaje a los estudiantes latinoamericanos muertos por la lucha que emprendieron, Portal Universo y este cronista, les regalan esta nota.

¡Vivan los estudiantes, viva la juventud y viva Latinoamérica!

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