Historias

La Abuela de la UNRC

Por Esteban Viú

Fotos: Adriana Moyetta


   Esta crónica podría limitarse a simples palabras o transcripciones monótonas de conferencia de prensa, pero sería una visión demasiado sesgada y poco abarcativa de lo que vivió, el pasado jueves, la Universidad Nacional de Río Cuarto. Llegada de Córdoba, Estela de Carlotto visitó una vez más nuestra casa de estudios.

   La mañana era poco prometedora. El frío y una incipiente llovizna se desparramaban por la ciudad e incomodaban la cotidianidad de la UNRC: Los vendedores ambulantes se protegían como podían y los egresados padecían las consecuencias del clima con poca ropa. A simple vista era un día más de este invierno que no termina de nacer. Sin embargo, al llegar a la zona del Rectorado, se percibía una efervescencia de ánimos poco común para un día corriente y gris. Había sonrisas que inundaban los rostros, ojos que brillaban como el Lucero y un silencio digno de una ponencia magistral: Ninguno de los allí presentes quería perderse siquiera una silaba de la conferencia de Estela de Carlotto.

   Rodeada de micrófonos, la Doctora Honoris Causa de la UNRC no titubeó al momento de las preguntas más incisivas. Entre otras cosas, se refirió a la actualidad de la educación pública.  “Al Gobierno actual no le interesa la educación porque no rinde dinero y todo lo que no produce no sirve. Por eso le sacaron presupuesto y fomentan la escuela privada diciendo que algunos tuvieron la desgracia de caer en la escuela pública”, aseguró con dolor.

   Además, habló sobre la juventud y afirmó que la ve en movimiento, con militancia, y con la frescura de quien no busca dinero o puestos y jerarquías, sino participación y que se escuche su voz.

   Luego de las palabras de Estela a los medios, la visita continuó en un salón para almorzar con diferentes organizaciones y autoridades. A pesar de la hora, y de la calidad del menú disponible, la Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo destinaba tiempo para dialogar con cualquiera que se acercara a su mesa.  De hecho demoró cerca de 40 minutos en poder terminar una cazuela pequeña. Entre bocados, reía, aconsejaba, opinaba y enfurecía con las mismas intensidades, no dejaba escapar ni el más mínimo detalle.

   Cuando el almuerzo finalizaba, un graduado se acercó y le preguntó con tono distendido:

   - Estela ¿Puede ser que te note un poco más cómoda que en la mesa de Mirtha?

   Ella lanzó algunas carcajadas y respondió que, dios mediante, no volverá a los almuerzos del Trece. “A no ser que ocurra el milagro de que se dé cuenta del daño que le produce al país”, disparó.

   El reloj se acercaba a las 15 y Estela debía descansar para volver algunas horas mas tarde a deslumbrar con sus palabras y recuerdos. Se levantó y, a paso lento pero firme, como su historia, se retiró. El ambiente del salón quedó desolado, con la nostalgia de lo que no queremos que acabe. Algunos ojos lagrimeaban, otras piernas temblaban. Su imponente presencia despertaba toda clase de sentidos, su despedida los agudizaba.  

***

   A las 17:00, el Aula Mayor de la UNRC estaba repleta. Los asientos no daban abasto y tampoco diferenciaban edades: Generaciones que padecieron los años más oscuros del país se entremezclaban con los que sólo conocemos la democracia como forma de vida.

   El ingreso de Estela y las autoridades se demoró poco más de 20 minutos. A las 17:25 el telón del Aula Mayor se abrió de par en par y las palmas estallaron. Todo el auditorio se puso de pie para recibirla, los aplausos que les regalaban parecian gritos de fuerza. Ella inclinaba su cabeza y aplaudía, se le dibujaba una sonrisa que era imposible de contener.

   Después de saludos protocolares y algunas palabras de las autoridades que la acompañaban, la Abuela de Plaza de Mayo quedó sola en el escenario para, por fin, hablar. Recordó los tormentos de la dictadura cívico-militar de 1976-83, que la llevó a buscar y reclamar incesantemente por su hija desaparecida. "Nunca hicimos justicia por mano propia. Aún en dictadura íbamos a ver a los jueces que nos engañaban, nos mentían. A los recursos de Habeas Corpus nos contestaban no se encuentra desaparecido, se desconoce su paradero. Yo recibí esa respuesta, de un juez de La Plata, un día después de enterrar a Laura. Porque tuvimos el privilegio de que nos entregaran el cuerpo, cosa rara", afirmó, desplegando un manto de culpa sobre parte de la Justicia vinculada a la dictadura.

   Con el dolor de una madre desposeída, comenzó a reunirse con un grupo de mujeres que atravesaban el mismo proceso para hacer visible su reclamo. En Plaza de Mayo aún existe la ronda de los pañuelos marcados. "Teníamos que reclamarle a los asesinos que estaban en la Casa Rosada pero había Estado de Sitio, no podía haber más de 3 personas juntas. Entonces nos ordenaban que caminemos y ahí nació la ronda. Es decir que ellos nos enseñaron a caminar, pensando que nos íbamos a cansar. ¿Pensaban estos criminales que nosotras, las madres, nos íbamos a quedar llorando?, se preguntó. En su rostro se observaba el temple de una madre dolida pero incansable.

   Además, recordó cuando quisieron asesinarla en el año 2002, con un país desestabilizado por los 90 pero aún así en democracia. "Por suerte las balas pasaron cerca pero no me tocaron. Es decir, podemos votar y estamos en democracia, pero es relativo porque pasan estas cosas. Como lo que ha pasado ahora con este joven (Santiago Maldonado) en el sur", afirmó dolida.

   Sobre el final de la charla, Estela esgrimió una frase que sintetiza a la perfección la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo. Buscando una respuesta que ayudara a descubrir por qué aquellas que encontraron al nieto tan buscado no dijeron ´misión cumplida´, aseguró: "Porque falta mucho y porque el compromiso es de por vida. Seguimos caminando con bastón, con la voz gastada de maestra. Pero el bastón lo usamos porque nunca nos arrodillamos". El Aula Mayor estalló en aplausos ante semejante declaración. Muchos se gastaron las palmas, otros quedaron sin lagrimales.

  Estela agregó que muchos militares quisieron comprarlas, prometiendo que devolvían a los nietos si no los denunciaban. "Y no aceptamos, queremos encontrar los nietos y mirarlos a los ojos para decirles no vendimos la sangre de sus padres, no vamos a negociar nada con los asesinos", aseguró.    

   Algunos minutos más tarde todo el auditorio se paraba de nuevo para reverenciar a una de las personas más importantes de la historia moderna de nuestro país. Ella arrojó algunos besos y cálidos abrazos y el telón se cerró de par en par. Afuera la esperaba un vehículo que instantaneamente se rodeó de personas que querian despedirla, una vez más. Y una vez más, a paso lento pero firme, rogodeada del amor y el cariño de las personas, se subió y el vehículo se transformó en una Estela de luz en el horizonte. Como su vida, como su historia. 


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