Creatividad

La Conspiración de los Colectiveros

Por Franco Etcheverry


Todo aquel que haya sido y sea estudiante habrá podido intuir que ciertas acciones de los colectiveros no son azarosas, y mucho menos ingenuas. En este informe especial de Portal Universo, intentaremos desentrañar una de las conspiraciones más grandes de la historia del país.


En el año 2015, se filtraron unos documentos clasificados del Poder Judicial a nivel nacional. El expediente había sido guardado bajo 4  llaves, y cuentan altas fuentes ligadas a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que esta filtración de datos puede ocasionar un grave revuelo en la sociedad.

Hace 15 años, un grupo de jueces iniciaron una investigación en secreto para poder indagar sobre diferentes comportamientos algo inusuales que venían llevando a cabo los choferes de las líneas de transporte urbano de todo el país. Las denuncias venían desde el sector estudiantil, en un 90% de los casos. Los argumentos que presentaban eran en términos de “los perjuicios constantes que los colectiveros provocan en contra de los estudiantes”.

La investigación realizada dejó conclusiones de alto impacto. Los colectiveros a nivel nacional se congregaban al menos 2 veces al año en Buenos Aires para hacer “planificaciones operativas” y  marcar lineamientos y pautas a seguir por cada chofer a lo largo y ancho del país. El foco se hacía en urbes donde hubiera Universidades y obviamente, también estudiantes. El Juez Bonadeo, principal impulsor de la causa, indicó que “las acciones de los colectiveros, casi en su totalidad, estaban dirigidas inexorablemente a producir algún tipo de daño a los estudiantes”.

Al quinto año de iniciada la causa, se develó que los colectiveros habrían diseñado una serie de estrategias muy específicas para damnificar al sector estudiantil. La cúpula gremial de los choferes tuvo que dar respuestas ante la Suprema Corte respecto a lo que estaba sucediendo.

Ramón Ruedas, de 54 años, secretario general de los colectiveros a nivel nacional, en su primera  citación a declarar fue tajante con lo expuesto: “Señores jueces, lo que ustedes han desentrañado no nos avergüenza en lo más mínimo. Estamos cansados de tantos años de maltrato. No hemos hecho más que defendernos”.

El señor Ruedas alegaba que estaban cansados de recibir diferentes tipos de enojos de los estudiantes cada vez que había un aumento de boleto, de que les gritaran cosas desde el fondo del bondi, de que les pagaran con billetes de 100 pesos y de que les amagaran con las señas para que frenen en las garitas y hacerles un “oooole” monumental.

“A todas estas cosas las venimos aguantando desde hace muchísimos años y la verdad es que teníamos que hacer algo al respecto para que nos dejen de tomar el pelo”, indicó Javier del Caño, un chofer de la SATRC.

Se desentrañó una amplia red de conspiración de una pocas veces vista.

El caso tomó relevancia a nivel nacional, pero ocultado por los medios de comunicación. Al salir a la luz los archivos que incriminaban a los colectiveros, los diferentes representantes de los estudiantes salieron a pedir urgentes explicaciones sobre lo develado. Solicitaron  una disculpa general por parte de los choferes. Una disculpa que nunca llegó.

En Rio Cuarto, el caso tomó características muy particulares. Los colectiveros tienen maneras muy peculiares de llevar a cabo lo planificado. Brindaremos aquí algunos ejemplos de los métodos utilizados:

La capacidad de los colectivos es alrededor de 45 personas como máximo entre los parados y sentados, pero los informes revelaron que durante los meses de Febrero y Marzo la línea  2 de colectivo transportaba a 120 estudiantes, a 6 viejas,  a 4 chocos y al Marito en horarios pico. Los pasajeros deben acomodarse en “modo tetris” durante el viaje, y en épocas de verano, inhalar los fragantes chivos de los estudiantes de Educación Física. Encima, el chofer siempre grita: “Chicos, vamos un poco más atrás, que todavía hay lugar al fondo”.

Los colectiveros no se limitaron solo a esto. Armaban los recorridos para pasar adrede por las calles de tierra y así bañar de polvillo a los alumnos. Transitan en ocasiones con la puerta trasera abierta para que en el fondo del colectivo se genere un torbellino de polvo, tickets de boletos, papeles de caramelos y pelos, capaz de causar una ceguera temporal prolongada. 

La conspiración tiene un alto nivel de planificación y  sincronización, y juegan con las esperanzas de los estudiantes. Miles de ellos se asoman desde la garita o desde el medio de la calle con la esperanza de ver aparecer a los bondis  que los lleven a tiempo a su lugar de destino. Saben los colectiveros como hacer que exista un “retraso general” para que todos padezcan la espera sin excepción. Las estadísticas indican que en épocas de exámenes parciales y finales, los colectivos aumentan su retraso de 10 a 15 minutos en un 96%.

Para que el sufrimiento sea mayor, muchos colman el interior del colectivo de gente y pasan frente a nuestras narices sin demostrar la más mínima de las penas. Choferes infiltrados, y algunos piadosos, suelen abrir la puerta trasera para brindar un apretado pero satisfactorio lugar.

Ya en la UNRC, lugar de destino de la gran mayoría de las líneas de colectivo, la saña sigue activa. Desenrollan y sueltan a la vereda interminables rollos de papel de  tickets de boletos sobrantes con el objetivo de lastimar a los ecologistas.

Todos saben lo que ocurre en el baño de los choferes. No hay nariz que haya podido evadir las fragancias ácidas que de allí emanan. Es una manera de marcar el territorio, de dejar una huella  olorienta y psicológica; uno más de los tantos métodos utilizados.

Por otra parte, han llegado a desarrollar algoritmos para hacer que todos tengan que esperar en las garitas. Si te dicen que el 2 pasa cada 10 minutos, uno sabe que va a pasar cada 15, pero por las dudas vas antes a esperarlo porque capaz pasa cada 10, o viene con un refuerzo, o pasa lleno y te tiene que dar el tiempo para esperar al próximo y llegar a tiempo a clases. Este nivel de incertidumbre, ha provocado grandes afecciones psicológicas en muchos casos.

Con los documentos desclasificados, se encontró que los colectiveros mantienen acuerdos millonarios con las tabacaleras. Usan diferentes fórmulas matemáticas para que el colectivo aparezca en el preciso momento en que un estudiante se prende un cigarrillo. Los estudios indican que 3 de cada 10 cigarrillos se desperdician sin consumirse durante la espera del bondi.

Los perjuicios por ahogos respiratorios también son moneda corriente. Siempre el colectivo se aparece a 110 metros del lugar en el que el estudiante está ubicado. Suficientemente cerca como para ilusionarse a llegar, y lo suficientemente lejos como para decir “ya fue”.  Muchos mantienen un físico atlético gracias a esta práctica de los colectiveros, otros han encontrado su carrera de maratonista persiguiendo entre golpes, gritos y silbidos a los bondis que se marchaban haciendo oídos sordos. Quién sabe si entre los nuestros está el próximo Usaín Bolt. 

Pero no todo es negativo, ojo. Muchos colectiveros no siguen a rajatabla los lineamientos conspirativos y si los cumplen, lo hacen a medias, como para que no se sospeche de ellos.

El Chofer jovencito rubio de la línea 2 siempre te saluda con un “Buen día, ¿cómo estás?”, por ejemplo. Están los otros que van cantando durante el viaje, los que siempre ponen radios copadas, los que mantienen el bondi impecable, y los que en los recorridos solitarios de medianoche se convierten en tus amigos íntimos por 10 minutos. Estos colectiveros se han unido  en un movimiento denominado “Colectiveros Anti-Conspirativos” o C.A.C.  Cristian Manija, un chofer arrepentido de la SATRC, que trabajó arduamente durante 20 años, nos contó que la manera de identificarlos es muy simple: “Los que llevan detrás de su asiento una camisa colgada en una percha son los de la C.A.C. Los que dejan detrás de su asiento el balde con el lampazo, son del grupo de los conspiradores. Y los que tienen percha colgada y balde detrás, son los que aún no terminan de definirse”.

Los dilemas entre trabajadores y estudiantes no son solo de este tiempo. Muchas veces hay que comprender cuál es la responsabilidad de cada uno en la cuestión. ¿Quién no le ha mentido al colectivero diciéndole que no tenía billete más chico? ¿Quién no se ha embroncado con ellos ante cada aumento que definen sus patrones? ¿Quién no ha jugado con el timbre? ¿Quién no se ha equivocado de indicar que el bondi se detenga en una parada que no era? ¿Quién no les ha pedido ayuda para ubicarnos en zonas que desconocemos? Hay que ser conscientes que como estudiantes, no somos pasajeros fáciles. Uno no defiende las acciones desmedidas de los colectiveros, pero también hay que hacer una autocrítica.

Tal vez en el futuro, estudiantes y colectiveros, podamos unirnos en causas de interés común. A veces hay que hacer el orgullo a un lado.  Tal vez, en algún momento,  podríamos conspirar juntos  para tener un servicio de calidad, para tener un servicio que sea para la gente y no para empresarios que nadie conoce.

 Quién sabe… capaz algún día también se escribe una historia en donde nos encuentre a estudiantes y colectiveros unidos.

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