Historias

La Universidad en el barro

-PH: Veronica Barbero

  Una vez completada la rotonda que desemboca en la calle Cholaky Sobari, lo primero que encontramos es el alambrado que envuelve a la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Un poco por encima de la cerca, se lee un cartel de la casa de estudios que anuncia ´aquí comienza nuestro camino juntos´. Sin embargo, para iniciar un camino, habría que sortear la alambrada que delimita los territorios universitarios, casi encapsulándolos sobre la Ruta Nacional 36.

  Sobre esa idea se funda el proyecto de Universidad Barrial, que pretende romper el enrejado material y simbólico para hacer caminar a la universidad por el espeso barro de los territorios descentrados de Río Cuarto.

  Pablo Garetto, director de la Universidad Barrial, y Costanza Eichhron, Vice-Directora, nos recibieron una tarde nublada de abril para conocer en profundidad este proyecto innovador.

  Pablo comenta que la idea concreta surgió en agosto de 2015, a través de articulaciones entre el movimiento estudiantil, graduados de la universidad y las organizaciones de la ciudad, fundamentalmente la Asociación Civil ´La Cultural´. Con el antecedente del Centro de Capacitación Cultural y Deportivo en Tandil, que con el tiempo se transformó en la Universidad Barrial de Tandil, se buscaba tender un puente entre las necesidades planteadas en el espacio académico y las demandas de los actores del espacio público en Río Cuarto, principalmente de los barrios periféricos.


PH: Veronica Barbero


  El proyecto aún no fue aprobado por la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU), que depende del Ministerio de Educación. Sin embargo el rector de la UNRC, Roberto Rovere, decidió llevar adelante la iniciativa con los recursos corrientes disponibles. Con ese voto de confianza, la Universidad Barrial de Río Cuarto comenzó a brindar los primeros talleres en junio de 2016 con 300 inscriptos.

  Constanza, Vice-Directora del proyecto, explicó que, en primera instancia, se realizaron encuestas a 400 familias del barrio Alberdi para detectar problemáticas o demandas de los vecinos. Este proceso instaló una lógica diferente en la manera de abordar los problemas por parte de la UNRC, brindando la posibilidad de que sean los propios vecinos los que establezcan las necesidades que deben ser afrontadas en el corto plazo.


PH: Veronica Barbero


  Los datos obtenidos en las encuestas fueron esclarecedores. Entre otras cosas, arrojó que las personas que se encuentran en una franja etaria productiva (entre 30 y 55 años) demandaban formaciones vinculadas a los oficios como electricidad, costura o carpintería. En tanto que las personas en edad avanzada, buscaban talleres de integración cultural o de vinculación con otras personas. Además, percibieron una fuerte demanda de talleres vinculados al deporte y otros inesperados, como el de Diseño y Confección de Indumentaria.

  Una vez analizados los resultados, se dividieron los talleres en cuatro áreas: Cultural, Deportiva, Formación Ciudadana y Oficios y Recalificación Laboral. De estas, se desprenden 28 talleres entre los que se destacan el de Música, Electricista, Interpretación de Planos Civiles y Auxiliar de Jardinería. El listado completo de los talleres de la Universidad Barrial se puede consultar en https://www.unrc.edu.ar/unrc/planeamiento/unibarrial.php


  En un primer momento, la Universidad Barrial no tenía una sede única que nucleara los talleres, por lo que el funcionamiento debía distribuirse entre las diferentes vecinales de la ciudad que aceptaran participar en el proyecto. “Eso fue hasta el año pasado. A principio de este año, la Parroquia Nuestra Señora de La Merced le cedió un predio a la universidad, que era donde funcionaba Caritas. La idea es establecer una sede central ahí, que aglutine actividades, pero también mantener el funcionamiento en diferentes vecinales Río Cuarto”, asegura Constanza. Más que antojo, el funcionamiento en “sedes” distribuidas por la ciudad es una necesidad debido a la distancia que separan a los barrios periféricos entre si y del centro de la urbe. A esa problemática se le añade la escasa frecuencia de algunas líneas de colectivos que, luego de las 21:00, dejan de circular.

  La Vice-Directora agrega que la nueva sede llega en un momento crucial, ya que para el segundo ciclo lectivo de la Universidad Barrial se inscribieron 1500 personas: “Es todo un desafío. Son 5 veces más que el año pasado, y tenemos sensaciones encontradas. Por un lado refleja todo el laburo que hicimos y que evidentemente la gente recepcionó muy bien. Pero también habla de un contexto socio-económico en estado crítico. Muchos de los que llegaron a inscribirse nos comentaban que se habían quedado sin trabajo en los últimos 6 meses”.


En primera persona 

  Facundo Olguín, vecino del barrio Alberdi y titulado de la Universidad Barrial en “Electricidad domiciliaria inicial”, dialogó con nosotros. De 27 años, tez trigueña y ojos cansinos, José narra que trabaja en una empresa de seguridad privada donde cubre turnos de hasta 9 horas por día. “Yo laburo desde los 17 años, y mi sueño no es precisamente quedarme en el mismo laburo toda la vida. Quiero avanzar, ser independiente en la medida de mis posibilidades” sentencia, y agrega que se enteró de los talleres una tarde de domingo que asistió a una charla en el Centro Cultural Alberdi. “Un amigo me comentó de los talleres de electricidad, que estaban avalados por la Universidad de Río Cuarto. Era lo único que hacía falta para tomar la decisión de hacerlo y esperar, en el futuro, poder vivir de eso sin tener que aceptar las ordenes de un jefe”, agrega José, con una mezcla de felicidad e incertidumbre en su rostro. El flamante electricista, recibido en diciembre de 2016, asegura que ya está haciendo algunos trabajos para familiares y amigos, pero no se apresura. “Ahora voy por el título de Electricidad domiciliaria Avanzada, y ahí veremos que sucede”, dice José.


  Le agradezco por el tiempo que le sustraje, y se sube a su moto. Algunos aguaceros de la noche anterior embarraron la calle por la que enfila José, que en ese momento se transforma en toda una metáfora de la Universidad Barrial, la universidad en el barro.

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