Historias

Mi hijo el Dotor

Por Emiliano Piva


  En la Argentina de principios del siglo XX era común oir, de la boca de algún padre orgulloso, el dicho “mi hijo el dotor”. La expresión representa el ascenso social de antaño, cuando los hijos de trabajadores comenzaban a acceder a la universidad por primera vez en la historia, y con ello a una profesión y un mejor porvenir. Cien años después de dicha épica, nos preguntamos: ¿Cuánto hay de mito y cuánto de realidad? Ser un joven profesional en esta era ¿es futuro garantizado?


  Bianca Opizzo tiene 25 años. Oriunda del pequeño poblado de Mattaldi, a 190km hacia el sur de Río Cuarto, en el 2009 decidió estudiar en la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Luego de un cursado exitoso, en 2015 se graduó de Licenciada en Microbiología. Sin embargo, con el paso del tiempo y sus vicisitudes, Bianca observó que sus primeros pasos como profesional no eran lo que ella esperaba. “He trabajado de cualquier cosa menos de lo mío. Lo que hago fijo es trabajar en un kiosco los fines de semana. También en una dietética algunos sábados a la mañana y a partir de este año conseguí unas horas en un terciario de Jovita”, cuenta Bianca.

  Su casa es antigua y amplia, y se accede a través una empinada escalerita. Esa edificación es la que alberga los sueños y desamores de Bianca. Allí habita junto a su compañero de vida, con quien comparte sus incertidumbres sobre el futuro. “Cuando salí a buscar trabajo en Rio Cuarto, industria poco y nada, ya que las inversiones van para la construcción. Después los laboratorios que puede haber de bioquímica son chicos y no están buscando gente todo el tiempo”, asegura Bianca. Lo curioso del caso es que minutos antes de conceder la entrevista, recibió un llamado con una posible oferta laboral, pero en la localidad de Villa Mercedes.

  En la ciudad de Río Cuarto, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censo, la desocupación es del orden del 18,9% en el grupo de personas de hasta 29 años, y el 38,5 % del trabajo total es informal. Si tenemos en cuenta que se trata de una ciudad donde menos del 12,5% tiene arriba de 65 años, y la mediana de la edad esta en los 32 años, hablar de juventud y empleo es una prioridad. Las causas de dichos indicadores quizás podrían encontrarse en la matriz productiva de la ciudad (agrícola), aunque hay quienes hacen foco en la problemática de la búsqueda del empleo. “El principal problema de los jóvenes graduados que recién se egresan, tiene que ver con dónde encontrar trabajo y como ir a buscarlo. Como presentarse a una entrevista. Toda la cuestión administrativa y legal. Desde el hecho de tener que ser monotributista, como hacerlo, como me inscribo en un colegio, para que me sirve” remarca la Lic. Luciana Jouli, del Área de Graduados de la Facultad de Ciencias Humanas (FCH), y dispara una autocritica: “la Universidad no nos dice nada de eso”.

  En las oficinas de la consultora Vagnola y Asociados, dos jóvenes y simpáticas recepcionistas atienden a los que llegan en busca de trabajo, donde muchos vuelven con la amarga noticia de no haber encontrado un lugar para desempeñarse. La Licenciada Sofía Vagnola parece coincidir en el problema de la búsqueda de empleo: “En los puestos profesionales lo que se busca es la combinación de conocimientos adquiridos en el área específica, habilidades y competencias interpersonales, de comunicaciones, de liderazgo, comerciales. También que tengan experiencia laboral”, haciendo referencia a que este último factor es perjudicial para aquellos que no tienen experiencia previa.


 

¿LA CULPA ES DE LOS PROFESIONALES?

  Vagnola remarca que gran parte de la responsabilidad es de los profesionales: “La selección de trabajo es como una carrera en sí misma” afirma. Para ella hay una brecha con los jóvenes profesionales, producto de cambios culturales que se han dado en las últimas décadas, que hacen que las características de los jóvenes de hoy no sean como las de los jóvenes de hace una décadas. Sentencia: “Antes era vivir para trabajar y ahora los jóvenes trabajan para vivir. En el sentido de que es un medio para obtener un fin que puede ser viajar o formarse más profesionalmente. Entonces los empresarios observan este fenómeno como una falta de compromiso, de responsabilidad, de cortesía”.

  Sin embargo, desde el Area de Graduados de la FCH Jouli expresa otra mirada: “La flexibilización laboral hace que ya no nos imaginemos con un trabajo para toda la vida porque no hay posibilidades reales de eso. Es re difícil encontrar un trabajo para toda la vida porque no está. Por más que las nuevas generaciones quieran ir cambiando de trabajo, llega un momento en que todos necesitamos estabilidad a largo plazo, como tener una familia” sentencia.


EL ROL DE LAS UNIVERSIDADES

  Según una investigación de la consultora MEDIAR, 7 de cada 10 alumnos eligen su carrera por interés o vocación, y un 36% eligió estudiar en la universidad publica por motivos económicos. Es decir que hay casi un 65% que toma esta decisión por otros motivos relacionados al prestigio, a la calidad academica o a la recomendación de familiares y conocidos.

  El diagnostico de Vagnola coincide con estos datos: “Cuando los jóvenes elegimos nuestra carrera lo hacemos por vocación o para incorporarnos a cierto mercado laboral y pensamos que esa carrera nos va a dar cierto prestigio, reputación o estabilidad.” Sofia, que también es docente en la Universidad Siglo XXI, apunta: “Los jóvenes salen del sistema educativo con poca formación en la búsqueda de empleo, sin conocer la realidad del mercado laboral”. Según su punto de vista, a las universidades públicas les cuesta más adaptarse a los cambios de época. “Las universidades privadas, como tienen otra lógica, se adaptan a los cambios más fácilmente. Si el boom son las tecnologías arman carreras orientadas a eso, y por lo tanto la búsqueda y el acceso al trabajo se facilitan”, concluye.

  La crítica hacia el sistema educativo público también se hace presente en las palabras de Bianca. Para ella la universidad es un círculo cerrado. “La única experiencia para afuera que hemos tenido fueron unas prácticas en el hospital, bien cortitas en el último año”. Para Bianca, en las carreras de Ciencias Exactas el perfil esta orientado hacia la investigación  y no hacia la industria, aunque esta proposición también es puesta en dudas por ella misma: “Incluso faltan materias para el perfil científico, porque no tenemos epistemología, metodología de investigación, historia de la ciencia. Nada de eso. Y si querés formar un buen científico que tenga criterio crítico, no alcanza. Solamente tenemos lo técnico. Sabemos pipetear, sabemos plaquear, pero de donde viene ese conocimiento no sabemos” afirma

  Desde la consultora emplean mucho el término “tomadores de trabajo”, haciendo referencia a las empresas que compran la mano de obra. Si Río Cuarto presenta un mercado contraído o con pocos tomadores de empleo, ¿tendrán razón aquellos que enarbolan la bandera del emprendedurismo como solución alternativa?

  La sonrisa de Bianca ilumina quizás a la par de la luz que invade nuestra sala. Sin dudas estamos frente a una optimista. Aun así, sus gestos se vuelven más toscos cuando hablamos de la autogestión del trabajo. “Uno solo tiene que tener mucha guita para levantar un laboratorio y largarte solo. Por más que te juntes con 5 o 6 es mucha plata, además de contactos lo que se necita. Es muy difícil”, opina con desaliento Bianca, cuyos amigos y compañeros graduados se tuvieron que ir de la ciudad por no conseguir un trabajo digno. “Tengo una amiga que se quedó y está haciendo una pasantía gratis hace un año” ejemplifica.  

  La situación laboral de los jóvenes profesionales es un debate complejo, que como expresa esta crónica tiene muchas aristas que van desde las propias universidades, hasta los sectores de la economía y el contexto general. En el medio de la mesa, con más incertidumbres que certezas, están las nuevas camadas de jóvenes profesionales.

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