Historias

Mujeres de Acero

  Se comentaba en los pasillos de la Universidad, esos pasillos silenciosos, llenos de historias y susurros, que hay dos jóvenes mujeres que han hecho historia en donde se creía que era casi improbable que tuvieran éxito. Los estudiantes a los cuales les pregunté si sabían de ellas se reían cómplicemente y me recomendaban que las encontrara por cuenta propia. Decidí investigar más a fondo…

  Un día, mientras iba a mi clase de Planeamiento, me crucé en frente del Kiosko de Ingeniería a un par de conocidos que me informaron sobre las anécdotas de las chicas que buscaba. Logros, hazañas, chistes, bueno, todo eso que uno se encuentra en frente del kiosko ese. Me preguntaron por qué las quería investigar. Contarles los fundamentos  y demás iba a ser tedioso, así que fui lo más sincero que pude: Quiero hacer una historia sobre estas mujeres que, según se comenta, han tenido éxito en donde nadie creía que iban a tenerlo. Me llegaron, casi por obra del destino, dos nombres: Cristina Pedraza y Celina Montanari. 

  Me dispuse a buscarlas en Facebook. Paso a darles el detalle del identikit virtual que pude realizar:

  Cristina Pedraza: 24 años. Nativa de Córdoba capital. Mujer de abundante cabellera rulienta, de tez blanca. 1,69m. Estudiante de Comunicación, madre de 2 hijos (Misael y Juan). Le gusta jugar al Pro Evolution Soccer y rondar lugares festivos con sus amigas.

  Celina Montanari: 20 años. Mujer de risa fácil. 1,71m. Un poco temerosa, pero solo a veces.  Nativa de Monte Maíz, Cba. Escritora. Estudiante de Comunicación. Suele tener preferencia por las bebidas compuestas de hierbas naturales de abundante consumo en la Provincia de Córdoba.  

  Después de un severo relevamiento de datos, me puse al fin en contacto con ellas. No quise ser insistente como borracho a la salida de un boliche y con teléfono en mano. Al comunicarme con ellas seguí en mi línea de sinceridad: “quisiera hacerles una entrevista porque se comenta que ustedes han hecho algo sin precedentes en la UNRC. No tengo más intención que esa. ¿Aceptarían?”. Mi corazón empezó a latir fuerte. Y tuve respuesta: “El viernes a las 14hs, en frente del kiosko de Ingeniería, en las zanjas. Andá solo”. Listo, lo tenía. Quizás no lo dijeron tan así, pero es así como lo recuerdo en estos momentos. Esperé impaciente.

  Llegó el día. Me subí a un 2 en la parada de siempre y rumbo a la Uni repasaba las preguntas que podría hacerles. Llegué, y pasando por la Biblioteca las pude divisar en el lugar marcado. Estaban sentadas, riéndose con carcajadas, acompañadas por una tercera persona. Me acerqué sigilosamente. “¿Quién anda ahí?”, preguntaron. No pude ocultarme a tiempo.  “Soy quien les quiere hacer la entrevista”, respondí. Me miraron de arriba hacia abajo. Me di cuenta que en sus ojos tenían unos scanners de última generación, como los que tiene de fábrica cualquier mujer. “Vení, sentate acá”. Había mates y masitas con chips de chocolate. No pude negarme.

  Al sacar mi grabador, Cristina y Celina comenzaron a reírse. Tuve la sospecha inicial de que iba a ser una linda nota. Puse Rec y comencé la entrevista. 

  Les pregunté si los rumores de los pasillos eran reales. Me dijeron que no había una coma de más en esos relatos. Proseguí a preguntarles en qué cosa habían tenido éxito.

  “Jugando al Metegol”, exclamaron las dos. Me descolocaron. Pero era verdad. Dos mujeres ganadoras del metegol, ¿quién había visto eso antes? Nadie! Bah, al menos en nuestra UNRC. 


  Les dejo aquí la descripción del juego para aquellos que no conozcan sobre la disciplina en cuestión: “El METEGOL es un juego de mesa basado en el fútbol. Se juega sobre una mesa especial sobre la cual ejes transversales con palancas con forma de jugador son girados por los jugadores para golpear una pelota en donde los dos equipos buscan hacerle goles a su adversario”.

  Les pregunté cómo había comenzado todo. Celina comentó lo siguiente: “Se me ocurrió. No me animaba a ir sola, asi que invité a la Cris. Yo no sabía jugar, pero fuimos, así, de cara duras”. Cristina asentía. Ella contó que empezaron a jugar solas, mano a mano. Después, grupos viciosos metegoleros las invitaban a jugar. No sabían la desgracia en la que habían caído pobres almas.

  “De entrada, no sé si los chicos eran muy malos o qué pero la verdad que nos iba muy bien (risotadas). Al principio, cuando nos presentaban como nuevas y veían que éramos mujeres decían entre ellos <Bueno, vamos a jugar despacio>. Pero cuando empezaban a ver que les iba mal, empezaban a cambiar. Nos subestimaban”. 

  El metegol, tradicionalmente, ha sido un espacio coptado por varones. En los secundarios, recuerdo, solía haber grupos femeninos jugando, pero casi siempre la mayoría eran del sexo opuesto. 

  -¿Acaso las subestimaban por el hecho de ser mujer?

  “Lamentablemente sí”, respondieron ambas. “Cuando les iba mal empezaban a hacer caras, a reírse, a hacer bromas, propio de la vergüenza.  Estaban re sorprendidos. Siempre había grupos grandes alrededor mirando. Abrían los ojos y se preguntaban <¡¿qué está pasando?!>”. 

  Resulta evidente que los diversos grupos de varones no se esperaban combatir con contrincantes tan fuertes, y menos si eran mujeres. Es cierto que muchos de nosotros, los varones, a veces subestimamos el potencial de las mujeres. Y muchas veces, el prejuicio formado nos sorprende en esta clase de situaciones. 

Las chicas comenzaron a contar como fue su desarrollo en la disciplina metegolera:

  -“La Celi comenzó a jugar arriba y yo abajo. Después, como vi que ella tenía reflejos la mandé al arco, y probamos. Y bueno, ella era buena en el arco y a mí me gustaba hacer goles…”, contó Cristina. Ciertamente en la mirada de Pedraza veía esa misma chispa que tenían Palermo, el gordo Ronaldo o Batistuta. Letales en el área, de sangre fría, capaces de hacerte un gol como por arte de magia. Celina, que miraba atenta a su compañera, tenía unas muñecas que yo nunca antes había visto. Me recordaban al Mono Burgos, al Pato Abbondanzieri, y tal vez al chiquito Romero. 

  Contaron que su éxito y mito había sido consumado en los Interfacultades 2015. Celina, como siempre, fue la que promovió todo. 

  -“La Celi se quería anotar al interfacultad y yo le dije <naa Celi, es como to much el interfacultad>. Y ella insistió en que no fuésemos a ganar, que íbamos solo para divertirnos. Así que fuimos y nos anotamos”. 

  (Nota mental: A estas alturas me sorprenden dos cosas: la capacidad de persuasión de Celina Montanari y la baja resistencia lúdica de Cristina Pedraza). Sigamos.

  Les pregunté sobre cómo se desarrolló el torneo. 

  -“Cuando estábamos en el torneo empezamos a sentir el ambiente, el silencio, la tensión. Se metía un gol  y les dolía, y a nosotras también”, contaba la Cris.

  Las chicas dijeron que la organización del torneo las dejó clasificar directamente a 4tos de Final aludiendo que eran el único equipo anotado de Humanas. Se sintieron incómodas por tal beneficio, pero también, nuevamente subestimadas.

  Paso a paso, fueron ganando con elegancia y sorpresa. Golazos al ángulo bajo de Pedraza, atajadas reflejo de Montanari, cosa habitual. Cuando llegaron a la final, la cosa fue diferente. Un sorbo de agua, un poco de aliento entre ambas y un llamado a la tranquilidad, recordando que habían ido solo a divertirse. Pero por dentro, seguramente estaban llenas de adrenalina. 

  “Yo estaba re tensa en la final”, dijo Celi, quien una vez había pasado 8hs seguidas jugando al metegol. “Fue un día de inspiración, pero salí con la mente seca”, expresó.

  Cristina, sobre ese momento contó lo siguiente: “En la final, hubo algo particular. Este metegol tiene chapita y a veces la pelota se sale. Pero el reglamento dice que si pega en la chapita, es gol. Y nosotras metimos el gol y no nos dimos cuenta. Seguimos jugando como nos era habitual. Y cuando caí le  dije <Celi! Ganamos!>.”

  Celina, como era de esperarse de ella, seguía atenta a su arquero y a los delanteros adversarios. Seguía moviendo a su hombrecito de acero de punta a punta en el arco, haciendo piruetas estrafalarias y sacando lejos. “Estaba concentrada en el juego. Fue un momento re loco”, aludió. 

  El público estaba sorprendido, los nobles finalistas que consiguieron el segundo puesto también. Incluso uno de la organización puso cara de póker cuando se enteró de la noticia. Por primera vez en la historia de la UNRC dos mujeres se consagraban en un Campeonato de Metegol. Bueno, mas bien, en el PRIMER TORNEO INTERFACULTAD DE METEGOL DE LA HISTORIA!

  Se preguntarán si ganaron algún premio. Si, fueron dos remeras de la Secretaría de Bienestar y por supuesto, el honor y la gloria. Luego, como no podía ser de otra manera, se sacaron una foto en la parada del colectivo, para guardar un recuerdo bien personal de un momento feliz.

  Celina y Cristina, la dupla C-C, las chicas que tuvieron éxito donde otras no habían podido. Quise saber cómo lo habían disfrutado, si era un gusto especial ganarle a los varones.

  “El goce iba por dentro, pero no somos de cargar ni nada. Siempre fuimos humildes”, dijo Celina mientras se relamía y miraba al horizonte. Noté que quizás había una mentira piadosa en sus palabras.

  Cristina, en cambio, dijo que ahora que están más en confianza suelen brindar algunas cargadas tales como “Eh! Que te pasa? tenés dos zurdas? se te movió el arco!”. Sabía que Celina pecaba.

  Luego de esta hazaña que las chicas lograron, me preguntaba si en un mundo menos machista su logro sería tan renombrado. Por ahí, uno no se da cuenta, pero sigue habiendo vestigios de una sociedad que tiende a disminuir a la mujer y dejarla relegada a ciertos deportes o disciplinas o peor aún, a diferentes tareas. Ojo, creo que los varones también tenemos asignados algunos roles dados por nosotros mismos y otros por las mujeres. Quise saber qué pensaban ellas dos sobre qué es lo que hoy en día define el Ser Mujer; qué es lo que las diferencia sustancialmente de los varones.

  -“Yo creo que la mujer es más protectora. Yo hablo del hogar, por el hecho de ser mamá. Por lo general, nosotras tenemos otro vínculo. El hombre es más recreativo. En la vida cotidiana, el tema de la organización. Estamos pendientes de muchas cosas a la vez. De la heladera, de la casa, de la universidad y de todo lo que se haga”, expresó Cristina.

  Celina fue mucho más concreta: “lo que define a una mujer es que sea ella misma. Así de simple”.

  Quise indagar más. Parecían muy seguras de sus respuestas y no titubeaban a la hora de dar sentencia a mis preguntas. Pensaba en el programa de Tinelli, en como tratan allí a la mujer, y en esos quinientos programas más que forman estereotipos respecto de cómo debe ser una “dama” para alcanzar el éxito. Claramente, allí no se habla de campeonatos de metegol.

  -“Es algo retrógrado. Parece algo del pasado. Es como si no fuesen conscientes de que la sociedad evoluciona”, dijo con vehemencia Montanari.

  Cristina fue un poco más allá, desde una visión un poco más sociológica: “las personas no es que cambiamos. Cambian otras cosas. Hay una estructura institucional que están ahí pesando en la vida privada. Antes nos moldeaba mucho más rápido. De chiquitas por ahí pensábamos en tener la super boda, tal vestido o esas cosas. Y hoy es como que esas barreras no están tan marcadas”.

  -¿Y esta disputa de MACHISMO vs FEMINISMO? No podía dejar de pinchar…

  “Ni un extremo ni el otro, tampoco grises.  Antes hasta las mujeres eran machistas. <Cómo vas a ir a poner un ladrillo?! Esas son cosas de hombres>. Ellas mismas juzgaban. Después, con el surgimiento de figuras femeninas a nivel internacional y local, la mujer fue cobrando más protagonismo. Las otras mujeres deben haber dicho <mirá, si ella pudo ¿por qué yo no voy a poder?>”. 

  -¿IGUALDAD en todo?

  -“Para mi debemos ser iguales en derechos. Pero no en todo. Porque genéticamente el hombre tiene mayor capacidad para el trabajo forzoso y esas cosas. La diferencia puede ser esa, pero no cultural”. Cristina Pedraza tenía las cosas claras. 

  Me di cuenta que estaba en frente de dos mujeres con actitud. No solamente jugaban al metegol y estudiaban comunicación. Cristina se había anotado a Tango, Salsa, y ahora quería hacer Handball, sumado a su carrera y a la crianza de sus nenes. Celina había hecho tenis durante 8 años, también volley mixto, y sumado a eso, también escribía poesías. Me resultaban muy enérgicas.

  Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. ¿Pero quién estuvo detrás de ellas, como guías o referencias, como para que tomaran la actitud de hacer su propio camino, de animarse a cosas nuevas?

  Celina, un poco nostálgica y un poco risueña, dijo lo siguiente: “una persona que admiro mucho es mi profesora de secundario, Ana Rosa Veilati. Es como una ídolo para mí. Yo escribo poesía, además de jugar al metegol (risas).  Empecé a escribir en 5to grado y ella en el secundario me incentivaba para seguir escribiendo e incluso para presentarme en concursos. Y gané algunos premios. Ahora escribir es como tener presente a mi profesora”.

  Cristina, contó esto: “Mi viejo es una persona de pensamiento muy abierto y no hubo muchos límites para mi crianza. De chiquita yo preguntaba ¿por qué tomaban vino los grandes, por qué? (“Tomá fernet!”, le recomienda Celina, de paso). Una vez mi hermano se emborrachó con clericó, le gustaba mucho la fruta.  Y yo decía <quiero vino, quiero vino, quiero vino> y mi papá dijo <bueno, si querés vino, ahí tenés>. Obviamente no me gustó y desde allí me callé la boca. Me dejaron explorar y por eso creo que me crié así. Pude conocer mis capacidades y limitaciones. Hasta el día de hoy sigo con ganas de hacer muchas cosas”.

  Todo comenzaba a cerrar. ¿Eran de temer? Claro que si. Sospecho que en el estadio de metegol deben ser sanguinarias, que no deben dar lugar a sentimentalismos. Sin dudas, se han ganado el respeto de grupos varoniles y también el de otras chicas que se han sumado a jugar,  y ahora, ya no las subestiman tanto. Este año, han ingresado nuevos estudiantes a la universidad. Las caras de sorpresa de los ingresantes al ver las majestuosas maniobras de la dupla Pedraza – Montanari son moneda corriente en frente del Kiosko de Ingeniería. Desde las aulas  se sienten los gritos de triunfos, el sonido de las chapitas. Los profesores cierran las puertas y ventanas para apaciguar las pasiones de un juego que también es como la vida misma. Sin embargo, Celina y Cristina han demostrado que no se trata de varones vs mujeres, si no de personas que disfrutan de pasar un rato juntas, de compartir un juego, de saber divertirse sanamente, como cuando éramos chicos; ¿se acuerdan? 

  Mientras terminábamos la entrevista les pregunté a las chicas qué iban a hacer. Me dijeron que iban a ir a jugar al metegol un rato y después se retirarían para hacer el suplemento de la materia Periodismo y Comunicación Impresa. ¿Quién dijo que en la universidad no se puede congeniar diversión y estudio?

  Los programas de televisión, las revistas, las crianzas, suelen moldearnos de un modo particular. “Los varones hacen esto, las mujeres hacen aquello”. ¿Y por qué es así? ¿Quién lo dijo, quien lo dispuso? A veces creemos que hay cosas que nunca van a cambiar, pero siempre, siempre, hay personas que te demuestran que si hay otros caminos. Hoy, de las 60 personas que juegan al metegol en el kiosko de Ingeniería solo 7 son mujeres. ¿Casualidad? Me cuesta creerlo. Tal vez, cuando la historia de la dupla Pedraza – Montanari siga creciendo en los pasillos de la UNRC, veremos más  rostros de mujeres orgullosas de ser lo que son, jugando al metegol o simplemente haciendo su propio camino en la vida.


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