Historias

“Siempre tuve muchas dudas sobre la carrera, hasta hoy”

Por Alejandro Salvatierra


  Portador de la bandera mayor de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) es uno de los perfiles posibles sobre el que se puede describir a Christian Buzzio (21). Asegura pasar más horas en la universidad que en su casa, “la cuestión es tener ganas de hacer cosas y que esas cosas te gusten”, afirma. Fue portador de la bandera en algunos actos del primario y primer escolta en sexto año del colegio al cual asistió desde sala de 5 hasta egresar, las Escuelas Pías de Rio Cuarto. Es el más grande de tres hermanos, lo siguen Lucia (17) y su hermana menor, Emma (3). Sencillo y con rasgos que denotan una confusión entre seriedad y timidez, así es el flamante abanderado.

- ¿Cómo te enteraste que ibas a ser abanderado?   

- Fue un trabajo de mis compañeros que tres o cuatro meses antes de saberse los promedios, ya habían empezado a buscar en cada una de las carreras quién podía llegar a estar y comenzamos a comparar usando algunos recursos, como los certificados analíticos que nos da el Consejo Directivo. Hacía ya unos tres meses sabía que iba a ser abanderado de la facultad. Un día fui a una reunión con el secretario académico de la facultad y él me anticipo que ya se tenía aprobado el orden de mérito dentro de la facultad y que había quedado primero.

- ¿Cuál fue tu reacción?

- Me puse re loco cuando supe que iba a ser abanderado de la mayor (ríe). Cuando me entere que era abanderado de la facultad también porque no tenía la certeza de que podía serlo, era esperable, pero para mí ya había quedado afuera del mayor comparado con promedios de otros años que suelen ser más altos en otras facultades. Cuando me mandaron la lista (de los abanderados por facultades) estaba en el colectivo, me pongo a ver y digo ‘nah, no lo puedo creer’ y ahí nomás festejé en voz alta y lo primero que hice fue llamar al Bruno (Pugliese, abanderado por Agronomía y Veterinaria, y amigo de Buzzio) porque él no sabía que era abanderado de su facultad y nos empezamos a reír. Así empecé a llamar a todo el mundo y me reía con todos. Apenas me bajé del colectivo fui a la Facultad de Ingeniería para ver si de esos promedios (los de las facultades) salían los abanderados de la mayor, y me dijeron que sí.

- ¿Ser abanderado era un objetivo?

- No sé si era una meta clara, pero si quería tener el mejor promedio que pudiera. Nunca tuve miedo de ir a desaprobar un final, de estar condicionado por desaprobar y perder la bandera. Siempre traté de desempeñarme lo mejor posible en los finales y los parciales para las promociones, pero nunca sentí la presión por quedarme fuera de la bandera. Si estaba, bueno, y si no estaba, tampoco me iba a deprimir. Ahora que estoy, lo disfruto.

- Fuiste abanderado en algunos actos del colegio ¿La bandera mayor de la universidad tiene algún significado especial?

- Y si… Digamos que es como la bandera de toda la ciudad, es la bandera de la UNRC, es de carácter universitario. Valoro mucho haber estado en la bandera de colegio porque valoro mucho el colegio al que fui, pero en la universidad es distinto, por lo que implica una carrera universitaria. Es un honor especial.

  Universidad y rutina

  Christian cuenta que un día suyo está atravesado por la universidad, su novia Carolina -a quién conoció en el primer año de la carrera- y también los amigos y su familia. “Paso más horas en la universidad que en mi casa” dice el abanderado, y agrega que esta “acostumbrado a pasar doce o trece horas por día en la ‘uni’”, pero no es un problema para él. “No siempre priorizo la universidad, si a algún amigo o a mi novia o en mi casa, pasa algo, priorizo eso”, comenta.

- ¿Cómo haces para organizarte?

- Es cierto que integro muchos lugares, pero la clave es esa, integrarlos, yo no soy esos lugares. Estoy en el consejo directivo por ejemplo con otras tres personas y la carga se divide entre los cuatro. Participo del centro de estudiantes con mucha otra gente. El tema de los horarios es cuestión de tener ganas de hacer cosas, a mí nunca me genero un peso hacer todo lo que hago, nunca me sentí cansado de decir ‘no tengo ganas de hacer nada’. Donde me involucro saben que tengo varios compromisos y me entienden.

- Teniendo en cuenta los prejuicios sobre la dificultad de las ingenierías, ¿Pensas que ser abanderado de la mayor y estudiar ingeniería tiene algún significado especial? 

- No creo. Es difícil encontrar un punto de comparación entre carreras, por esto que se habla de las inteligencias múltiples. Yo no podría estudiar abogacía porque no estoy hecho para eso. A mi carrera la hice con mucha soltura porque me encanta, nunca sufrí ir a la facultad, entonces cuando te gusta se hace más fácil. Si tuviese que estudiar algo con mucho teórico, no podría. Estoy acostumbrado a los teóricos cortos y prácticos con mucho razonamiento. Hay otras carreras que requieren de creatividad, que implica un talento nato en la persona y cada una tiene sus dificultades particulares. Para la bandera importa mucho la forma de evaluación, hay facultades donde tienden a poner notas más bajas en general, en nuestra facultad peleamos mucho para que la nota que ponen en los finales realmente reflejen el conocimiento expresado en el examen, pero sé que en algunas facultades no es así. Es algo muy bueno para la facultad que tengan un abanderado en la mayor, no es algo habitual que haya de ingeniería.

- ¿Qué rol cumple la familia?

- Es fundamental. El momento crítico de las carreras es el comienzo, pasar de un secundario con un cuidado hacia uno casi maternal, a un ambiente donde ya estas más libre. Mi familia me apoyo en todas, me dio sustento económico hasta para el ocio. Se mezcla la familia con el grupo de amigos, y son fundamentales. La clave para la permanencia en la carrera es una buena unión del curso, algunas veces hay mucha competencia de gente que cree que cuando ingresas a la universidad estás solo contra el mundo y no es así. No es malo fomentar la competencia, la competencia sana, no destructiva. Capaz para los chicos que son de afuera el apoyo de la familia no es el mismo, más que alguna llamada. En la universidad nadie está solo, si no a la primera frustración te vas. Pero en definitiva creo que mi familia ha sido fundamental en mi carrera y para la carrera de alguno de mis amigos. 

- ¿Siempre quisiste ser ingeniero?

- No. Siempre tuve muchas dudas sobre la carrera, hasta hoy, uno nunca está muy definido. La ingeniería tiene muchas salidas. La verdad que ingeniería electricista fue lo último que pensaba, estaba entre algunas licenciaturas, en física o matemáticas, o también ingeniería química, y cuando fui a conocer ingeniería electricista, me gustó mucho. Cuando ves lo que se hace, te cambia completamente la forma de pensar, uno cree que ser ingeniero electricista es ser técnico electricista y dista mucho de ser ese oficio. M convencí que sí, que me gustaban las ingenierías en todas sus ramas, me gusta también la parte de investigación, hace dos años que estoy con una ayudantía en investigación y está muy bueno.



- ¿Qué lugar ocupa el ingeniero en la Argentina?

- Si comparamos con otros países la cantidad de ingenieros por una determinada cantidad de población, la verdad es que tenemos muy pocos ingenieros. El ingeniero cumple un papel fundamental, ya que tiene que existir sí o sí la ingeniería y mucha cantidad de ingenieros si queremos un desarrollo industrial en el país. Al momento de abrir una industria ya tenés que andar pensando en la alimentación eléctrica para que funcione, y eso implica a un ingeniero electricista para realizar el diseño. En Argentina no dan abasto la cantidad de ingenieros actualmente. La única forma que se desarrolle la industria es que haya ingenieros, aparte de las inversiones.

Educación publica

  “Siempre estuve a favor de los reclamos salariales docentes, sobre todo en esta última etapa porque veo que los profesores tienen ganas, vocación, y que son realmente buenos en lo que hacen” dice Christian, y agrega: “cuando ves lo que cobran, no lo podés creer”. Para el abanderado de la UNRC, a los docentes universitarios no se les reconoce la vocación que tienen para dar clases en la universidad pública. El estudiante de ingenieria comenta que muchos docentes tienen curriculums que les permitirían dar clases en otras universidades del mundo y poder ganar más dinero, pero “sin embargo se quedan acá porque defienden la educación pública, y no se los está reconociendo”. Los paros docentes parecen ser cuestión de todos los años, y el abanderado explica que los reclamos son débiles porque “en Argentina estamos acostumbrados a reclamos fuertes y los docentes no tienen forma de hacerlos, como por ejemplo los camioneros que te anulan el transporte en todo el país” 

  El futuro ingeniero también hace una crítica hacia el alumnado. “Estoy cansado y he retado a varios (compañeros) cuando se ponen felices porque no hay clases, esto no es el secundario, acá venimos porque queremos” afirma el flamante abanderado, y luego agrega: “hay un profesor experto que te puede dar una clase, ¿y uno está feliz porque no hay clases? Al contrario, pedí que haya más horas con él para aprovecharlo”. Christian también afirma que los profesores son fundamentales en los últimos años de carrera, porque transmiten a los alumnos todo aquello que no está en ningún manual, experiencias, vivencia, y que les va a servir a los futuros profesionales para afrontar la vida laboral.

- ¿Fue por esta situación que describís sobre la educación pública que decidiste involucrarte en política universitaria?

- Nunca me involucre mucho en la parte política de la universidad. Me involucré porque cuando ingresé a la carrera, la gente del centro de estudiantes me ayudó mucho en un montón de cosas, y creo que colaboran en la unión de los cursos, factor que me parece muy importante. Cuando un curso está unido, es muy difícil que alguien se caiga porque los otros lo sostienen. Los chicos del centro te dan una tranquilidad y te guían en algunos aspectos, entonces desde ese lugar yo trato de hacer lo mismo. Un amigo que ya está recibido, me invitó a formar parte de la lista para consejo directivo hace un año y medio y me gustó porque es una instancia donde se toman decisiones bastante importantes y está bueno participar. Durante el primer año como consejero me fui acomodando, además no tomo las decisiones solo, es consensuado con los chicos del centro de estudiantes y con los compañeros, porque justamente estoy como representante de ellos.

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